Luna Luna y sus secuaces

De escalones, torpezas y tropiezos. Érase una vez mi conciencia, perdida en un mar de inquietud emocional

Poco a poco el montruo sigue creciendo. No te das cuenta, pero un pensamiento, un instante, una mirada...

Esa mirada que estas buscando pero todavía no has encontrado, y detrás un alma, un concepto. Y la curiosidad acechando en su pasar despreocupado.
Esa mirada perversa hasta aplastarte, y convertirte en un ser tan pequeño como una cascara de pipa, que con la primera brisa se pierde en el infinito.
Esa mirada tan perfecta que en tan solo un paso se vuelve monstruosa y despiadada. Y te arranca el corazón sin un solo atisbo de compasión.

Una mirada capaz de devolverte la ilusión.

Buenas tardes a mis pocos pero valiosos seguidores.

Despues de un ocaso intelectual que viene asediándome desde algunos meses atrás, voy a reemprender esta aventura llamada blog. No fue mi intención dejarlo pero a veces no se pueden evitar que tu mente vaya por libre y no deje un mínimo hueco a la esperanza para desahogarme emocionalmente con estas palabras.

Así que de nuevo llenándome de buenos propósitos intentaré llevar esto un poco más al día.

Me despido con un abrazo y en breves con algunas palabras.

Aparcadas en la distancia estas palabras dulzonas y excesivamente cargadas de un malestar interno que ya no me subleva, sino que me guía, porque todo lo pasado ahí está, mirando sin decir nada. Hasta que un día, despues de haber crecido, aparecen para guiarte cien pasos más allá...

Por algún motivo, mucho tiempo guardadas, quizás por inconformidad, perdidas en este espacio virtual.

A veces desde mi ventana veo la luna pasar. Me quedo mirando y me absorbe con su lento compas y hipnotizante luz. Años lleva la luna salvaguardando mi sueño, vigilando mis pesadillas. Y ahora con nombre y lagrimas me recuerda infinitas cosas, infinitamente pequeñas.

Sin quererlo me releo a estas altas horas, sin saber ya que pensar. ¿Ese soy yo?Quizás.
La memoria ya no ayuda, perdida en la distancia, y la prudencia amarga de las palabras escondidas nos abruma como a niños.
Una fuente sin agua, un mechero sin gas, un corazon sin sangre. Un querer y no poder absurdo que te ciega entre lo aparente.
Un desierto sombrio entre un piar molesto al despuntar el dia, enemigo de la pasión.

Que no pisoteen mis pensamientos, pues algún resquicio de cordura queda entre sus rendijas.
No te levantes en armas contra mi conciencia, pues no es ta preparada para esta guerra sin cuartel, recuerdos de un fui ahora levemente manifestado, pero gravemente marcado.

Seguir mirando al mar en calma hasta que se hastíen las arañas. El fuego recorrido y el alma perdida los pisoteos no consentirán, las leves brisas de verano ya se van. Pasarán el tiempo cansados de esperar. El dolor que atormenta hasta reventar.
Esa pasión desbocada perdida en el bienestar.

Y asi, sobreviviendo a los segundos perecederos que nos atraviesan como lanzas, sigo dando vueltas, un paso delante del otro y vuelta a empezar. Un volteo en la cama para recuperar la cordura, y el siguiente para volver al mismo sitio. Y finalmente caer rendido entre los brazos de la luna, vieja compañera de lamentos y borracheras...

Y de nuevo el día desplomandose sobre mi con sus hirientes rayos, y no habrá calma tras la tempestad pues la calma es una leyenda, una fabula fantastica sobre casas de chocolate y arboles de de caramelo; sólo nuevo un problema, y otro, y la musa gris como salvación...

Y asi otros heredaran la cordura que yo no tuve, y en un ciclo sin fin en el mundo solo habrá locos, colgados de lo que otros dicen ser cuerdas, tendidas entre extremos del infinito...


Emma tiene muchos amigos.
Algunos son buenos.
Algunos malos.
Juega con ellos cuando se siente sola.
Y cuando juega con ellos se siente sola.
Emma tiene muchos amigos.
Todos de cristal.

Qué decir cuando no hay palabras que valgan la pena. Cuando sólo los sentimientos hablan en voz alta con las cuerdas vocales agarrotadas por el dolor.
Al principio no podía ni escribir. Casi no podía pensar, y si me apuras, ni respirar. Difícilmente manteniéndome a flote en un mar desierto.
Será que me cuesta asimilar. Será que mi mundo va más despacio que el del resto. Y hasta la más estúpida de las cosas me recuerda que otro tiempo fue distinto, y no me deja ver más allá.
Será que dentro de mí siento que estoy sólo a pesar de no estarlo. Será que me importaba demasiado.
Y no entiendo tantas cosas.
No entiendo que no pueda ver si ya no importa, y si importa, ¿porqué no quiere ver?
Ni cómo no escuchar sin recordar.
Me parece haber cambiado tan rápido que cuando he querido darme cuenta estaba dos pasos por detrás.
¿Y qué pasa si me fío de mis sentimientos y la razón se queda en segundo plano mirando desconfiada?
Nada.

Esa extraña sensación que me invade.
La odio.
Y a la vez no puedo vivir sin ella pues me acompaña vaya dónde vaya, y haga lo que haga. Es parte de mi ser, y aunque no me ayude cuando lo necesito, no me queda más que aprender a vivir con ella.
Sin embargo, a veces debatiéndome entre la soledad y la tristeza me abandona la razón a mi suerte, y los segundos pierden el sentido según pasan de largo. Y caigo en el abismo que he cavado, entrando en una espiral infinita con un pasadizo secreto al exterior que yo solo conozco...o desconozco, ¿quién sabe?
Y si como por casualidad, los astros se alían de nuevo para no ponerme la zancadilla, los recibo como si no fuese conmigo, y sólo con el tiempo, como si de una casa nueva se tratase, consigo reconocerlos como propios, y los disfruto.
Y mientras, seguiré caminando en el filo, a sabiendas que quizás me haga daño, pero me da igual, pues así soy yo y viviré con ello.

Hablo de un libro que nunca volverá a ser leído, o quizás sí, pero en un tiempo lejano plagado de olvido y experiencia.
Hablo de cosas que nunca más hablaré ni escribiré...ni sentiré.
Hablo de historias que nunca ocurrieron y de caminos enrevesados hasta la extenuación.
De un cambio que pensé no podría realizar, y una historia que comienza a despuntar.
No hay inspiración sin dolor ni conflicto.
Un tatuaje rediseñado, un pitillo a medio consumir, y un corazón agujereado perdiendo peso a cada paso.
Y aún me quedan mil senderos, y he de recorrerlos solo, con mi mochila vacía.

Porque la brevedad también puede ser una virtud.
Ya está.

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